La Semana por la Paz es un
escenario que busca hacer visible los esfuerzos de miles de personas que
trabajan por el logro de la paz y por la construcción de iniciativas para
dignificar la vida.
Es importante recordar que
Semana por la Paz se empieza a celebrar en los años 80s, cuando se dan en
Colombia una serie de jornadas en rechazo a la muerte y en defensa de la vida.
En 1986 se origina el Movimiento por la Vida, que se consolida por medio de la
Compañía de Jesús, cuando los sacerdotes jesuitas encabezados por los
sacerdotes Francisco De Roux y Horacio Arango, desarrollan una reflexión sobre
la situación de violencia en el país y concluyen que es necesario apoyar
iniciativas de la sociedad, encaminadas a la búsqueda de la paz.
Después de reunir
recursos, vendiendo al Banco de la República, “La Lechuga”, una custodia joya
de incalculable valor de la época de la Colonia y de propiedad de la Compañía
de Jesús, y de otros ofrecidos por cooperación internacional, dan inicio al
Programa por la Paz y, a finales del mes de septiembre de 1988 se realiza la
Primera Semana por la Paz.
Posteriormente, se dieron
en el país una serie de hechos que mostraron el anhelo de paz. Las expectativas
de democratización desembocaron en la Constitución de 1991. En 1992, cuando era
Presidente de Colombia, César Gaviria Trujillo, decretó la guerra integral y,
como respuesta y alternativa para buscar caminos de participación ciudadana en
la construcción de la paz, surge en Bogotá la Iniciativa Ciudadana por la Paz
ICPAZ.
DIÁLOGOS DE PAZ EN LA HABANA CUBA.
Si algo está claro en este
proceso de paz, que arrancó en forma el 19 de noviembre del 2012, es que los
avances que se han logrado en las negociaciones con la guerrilla son históricos
y realmente claves para ponerle punto final a más de 50 años de guerra. (Lea
también: Acuerdo con Farc impacta al menos mitad del negocio del narcotráfico).
En estos 18 meses de
diálogos se han evacuado 3 de los 6 puntos que conforman la agenda de diálogo
–incluyendo el de la refrendación de los acuerdos–, cuyo contenido ataca y
transforma los orígenes de la confrontación armada. (Lea también: 'Es un paso
clave para contener el narcotráfico').
De hecho, el primer punto,
“política de desarrollo agrario integral”, aborda, entre otros aspectos, temas
relacionados con el “acceso y uso de la tierra”, lo que a juicio de varios
historiadores y analistas es el germen del conflicto interno más viejo del
continente. (Lea también: 'El fin del conflicto es una posibilidad real':
Gustavo Bell).
No son pocas las voces que
coinciden en que la desigualdad rural fue la que llevó a que varios campesinos
se armaran para confrontar al Estado.
Por eso, los negociadores
de La Habana anunciaron el 21 de junio del 2013 que uno de los principales
pilares del acuerdo logrado en materia agraria es el desarrollo de una “reforma
rural integral”, cuyo eje central es cerrar la “brecha entre el campo y la
ciudad” para garantizar la “erradicación de la pobreza” y la “promoción de la
igualdad en el campo”. (Lea: Lo que dicen los candidatos sobre el proceso de
paz).
También se reconoce la
importancia de fortalecer la economía campesina, por lo que se trazará una
frontera agrícola y se admitió, desde el Estado, la necesidad de promover las
zonas de reserva campesina.
Si bien varios de estos
puntos no están exentos de polémica, como el relacionado con la “formalización
de la propiedad”, nadie niega que es un paso fundamental para acabar la guerra.
Todo esto, según dijo el
presidente Juan Manuel Santos el viernes, “se traduce en más inversiones y
desarrollo para el campo, y en mejores condiciones de vida para nuestros
campesinos”.
La “participación
política”, el segundo punto sobre el que se logró un acuerdo entre el Gobierno
y las Farc el 8 de diciembre del 2013, también es un avance histórico en
materia de participación e inclusión.
No solo se estableció
impulsar “cambios institucionales para facilitar la constitución de partidos
políticos”, incluidos los que “surjan luego de la firma del acuerdo”, sino que
habrá curules especiales en la Cámara para las regiones más golpeadas por el
conflicto.
Serán temporales y no
representan un pase directo para que las Farc lleguen al Congreso, ya que
también se elegirá en las urnas a quienes las ocupen. “Todos, sometidos a las
reglas de la democracia”, enfatizó Santos.
Y, sin lugar a dudas, el
acuerdo en la “solución al problema de las drogas ilícitas” es un avance para
erradicar el Narcotráfico. Este tema, seguramente, será materia de análisis en
el exterior.
Lo que falta por negociar
no es fácil, pero algunos aspectos de esos puntos ya han sido abordados en la
mesa de La Habana y no se descarta –según el Gobierno y la propia guerrilla–
que antes de finalizar este año se firme el acuerdo final para terminar el
conflicto.
Por eso, Santos advirtió
el viernes: “Esto es lo más lejos que jamás se haya llegado en el camino para
terminar nuestra guerra”.
OPINIÓN SOBRE LOS DIÁLOGOS DE PAZ EN LA HABANA .
Los tratados que se presentan en los diferentes lugares del planeta afectan de una u otra forma a las personas y creo que para poder alcanzar la paz mundial debería ver mas de estos diálogos porque la única forma como se puede solucionar los problemas de cada una de las personas es hablando, para poder resolver todas y cada una de nuestras diferencias.